La alergia al sol, término común para un grupo de trastornos conocidos como fotodermatosis, representa una causa frecuente de consulta dermatológica, especialmente en climas tropicales. En la Unidad Dermatológica de Fototerapia (UDF), comprendemos el impacto que estas enfermedades pueden tener en la calidad de vida, por lo que te brindamos información que puede ser de utilidad.
Aunque se le llama «alergia al sol», en realidad abarca diversas condiciones cutáneas provocadas o exacerbadas por la exposición a la luz ultravioleta (UV), tanto natural como artificial. Las más comunes incluyen:

Es la fotodermatosis más frecuente. Suele aparecer en primavera o verano, al exponerse al sol después de un período prolongado. Se manifiesta como pápulas, placas o vesículas en zonas descubiertas como cuello, escote, brazos y dorso de manos. Aunque no es grave, produce intensa picazón y recidivas frecuentes.
Se presenta como ronchas o habones pocos minutos después de la exposición solar. Aunque es menos frecuente, puede generar síntomas sistémicos si la exposición es intensa. Su diagnóstico suele ser clínico, pero puede requerir fototest.
Algunos medicamentos (tetraciclinas, antiinflamatorios, diuréticos) o productos tópicos, pueden provocar reacciones de tipo fotoalérgico o fototóxico. Estas lesiones aparecen solo en zonas expuestas y pueden confundirse con quemaduras solares.
Patologías como el lupus eritematoso cutáneo o sistémico, o la dermatomiositis, presentan fotosensibilidad como uno de sus principales síntomas. En estos casos, las lesiones solares son más persistentes y pueden acompañarse de signos sistémicos (dolor articular, fatiga, fiebre).

El diagnóstico de la “alergia al sol” requiere una historia clínica detallada, ya que muchas enfermedades pueden simular reacciones fotodérmicas. Algunas ayudas para definir el diagnóstico pueden ser:
El tratamiento debe ser individualizado, enfocado no sólo en aliviar los síntomas, sino también en prevenir recurrencias.
El uso de medicamentos como antihistamínicos orales, corticoides tópicos, inmunomoduladores entre otros, depende del diagnóstico definido.
El uso de fototerapia de última generación permite a través de exposiciones controladas y progresivas a UVB o UVA, «entrenar» la piel para reducir la reactividad a la luz. Este procedimiento se realiza bajo indicaciones precisas y ha demostrado ser eficaz en pacientes con EPL recurrente.
La fotosensibilidad puede limitar la vida social, laboral o recreativa del paciente. Por eso, es importante recibir acompañamiento integral, incluyendo asesoría psicológica si es necesario, para mejorar la calidad de vida y fomentar la adherencia al tratamiento.